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jueves, 11 de octubre de 2012

EL CAINISMO DE LOS MERCADOS



EL CAINISMO DE LOS MERCADOS

No soy experto en el análisis de mercados. Es más, ni siquiera soy bueno en matemáticas. No me importa reconocerlo. No se puede saber de todo. Generalmente el sabe de todo, de nada sabe en profundidad. De lo que sí sé, es de personas, de cómo sienten, de cómo piensan y de cómo actúan… (si supiera lo mismo de los mercados, no estaría ahora aquí, escribiendo; estaría forrándome en el parquet.)

Afirmaba Hobbes en su “Leviatán”, en la expresión de lo que es el “cainismo” más puro, que <<El hombre es un lobo para el hombre>>. Y lo estamos viviendo  semana tras semana con la evolución de la Prima de riesgo española.

No nos asociamos en comunidades, tribus, estados o entes supranacionales, como la Comunidad Económica Europea, porque tengamos una predisposición innata, preembrionaria o filogenética para ello. Tampoco lo hacemos por la creencia ciega en el sentimiento aristotélico de que somos “un animal social”; lo hacemos, como diría Thomas Hobbes, por egoísmo. Las relaciones internacionales nacen por necesidad, como un acuerdo artificial que se sustenta en la exigencia de buscar la seguridad ante el temor a los demás.

En estos días vivimos una guerra de todos contra todos. Es una guerra sin artillería, sin tanques, submarinos ni bombardeos; pero sí hay un elemento común a todas las guerras, que es el terror. Y los mercados se aprovechan de ese miedo para hacer su agosto (y su septiembre, y su octubre…), incluso, fagocitándose a sí mismos.

Mi pregunta es ¿no entramos a formar parte de la CEE, precisamente para evitar situaciones como esta? La Historia, con mayúsculas, está repleta de historias de alianzas que sólo duraban hasta que la posición del débil se tornaba en la contraria. Una vez más, podemos confirmar esa premisa. Estamos asistiendo, como he leído por ahí, al nacimiento del 4º Reich, con una Alemania que hace y deshace una telaraña macroeconómica donde van a ir cayendo uno a uno todos los países de la zona euro  y en la que los “gabachos” actúan de comparsa. ¡Quién pudiera cantar, ahora, la coplilla, y  con “las bombas que tiran” hacerse, también, “tirabuzones”!...

En vista de que, si no es con un “rescate trampa”, desde Europa no están por la labor de tendernos una mano; no nos queda más remedio que agudizar el ingenio y empezar a “batirnos el cobre” onanísticamente. Placer que reside, dicho sea de paso, en la capacidad de alcanzar los objetivos sin más medios que los propios… Y a los demás… que les den…

Decía, que si de alguna manera tenemos que salir de este atolladero, podríamos empezar por “otra” reforma laboral y económica, alejada de los recortes, y que favorezca la creación de empleo, en vez de su destrucción (que es lo que hace  la actual; si no mirad los datos, mes tras mes…). Una reforma fundamentada en la contratación indefinida, y no en la temporalidad.

Será necesario promover el dinamismo en las empresas, facilitando su creación al eliminar trabas burocráticas, y haciendo que éstas inviertan en formación, a través de un Contrato Único  Indefinido, que contemple una indemnización por despido que vaya creciendo en función de la antigüedad.

Tendremos que luchar contra el fraude fiscal, a través de un Plan Integral, que nos permita disponer de los más de 70.000 millones de euros que se derraman por las costuras de este saco subsidiado en que se está convirtiendo España.

Y por último, habrá que acabar con el intervencionismo político en el sector de las Cajas de Ahorros y dejarnos de rescates a la banca, que sólo repercuten en beneficio de los bolsillos menos necesitados… (Ya me entendéis…)

Hoy, tan sólo quisiera, remover una cuantas conciencias y que cuando nuestros hijos, mañana,  nos pregunten que qué hicimos para arreglar la crisis, no les tengamos que contestar como el fraticida bíblico: <<¿Soy yo, acaso, el guardián de mi hermano?...>>.

Enrique Javier Valdivia Ocón


  





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